Ala de Avispa Editores

SI NO HAY CONTRATO,

NO HAY TRATO

Si no hay contrato, no hay trato.

Por Luis Fernando Escalona

Es muy común que no se firme un contrato entre el prestador de servicios y el cliente. No debería ser así, pero lo es.

A veces, la confianza entre las dos partes, las recomendaciones de un tercero, incluso la amistad, son obstáculos que impiden proceder a generar un acuerdo escrito de compromisos mutuos. El no hacerlo trae como consecuencias más pérdidas que frutos en una inversión. A veces hasta se pierden amigos por ello. Pareciera que sugerir la firma de un contrato, cuando somos freelance o pequeños empresarios, es un insulto a la otra parte, una exageración.

Pero se trata de generar relaciones ganar-ganar. Es cierto que necesitamos el trabajo, pero también es cierto que los límites, las responsabilidades bien delimitadas, los compromisos de pago, entre otras cosas, deben quedar escritos en un documento que firmen las dos partes, para que ambas salgan ganadoras en el trato que han establecido.

Así lo hacemos con las grandes empresas, con los créditos o los bancos, con la adquisición de un inmueble. ¿Por qué no hacerlo también cuando realizamos un proceso similar, en una escala de las pequeñas y medianas empresas; incluso de las personas que trabajan por su cuenta?

La experiencia y los errores nos han enseñado al respecto. Hemos perdido amistades, clientes se van con una sensación de malestar e incluso, hemos invertido más de lo que deberíamos haber ganado. Hemos dejado que nos fallen con los pagos y nos quedamos al final con la resignada frase “pues ya qué”, como premio de consolación.

Necesitamos aprender a poner límites y a delimitar responsabilidades. Es una manera también de hacerle ver al cliente lo valioso que es para nosotros y resaltarle que la información que nos confía, para el desarrollo del proyecto, está en buenas manos y queda tan segura como en una caja fuerte.

Y si el cliente se ofende por sugerirle la firma de un acuerdo y se niega a proceder, lo mejor es retirarse y emplear esa energía en generar otras relaciones ganar-ganar. Oportunidades las hay y nos tienen que encontrar así, trabajando.

De esta manera, siempre tendremos, como uno de los valores de nuestra empresa, la frase de “si no hay contrato, no hay trato”. Al final, el cliente se irá contento, porque verá los resultados del acuerdo que ambos se comprometieron a cultivar.